De Arusha a Tarangire — La puerta de los baobabs
La carretera hacia el sur desde Arusha va despojándose gradualmente de lo urbano —de las gasolineras a los bomas masái, de las huertas de mercado a las llanuras semiáridas donde las jirafas ramonean matorral de commiphora—. La puerta de Minjingu marca la entrada. Los primeros baobabs aparecen de uno en uno o de dos en dos, con troncos alisados a un gris pálido por décadas de contacto con elefantes, y ramas que se extienden hacia afuera como el sistema de raíces de un árbol invertido. El safari en vehículo de la tarde se dirige hacia el norte, en dirección al río Tarangire, donde el agua permanente atrae a los animales desde la estepa reseca. A medida que el agua desaparece en cientos de kilómetros a la redonda, el río se convierte en la única fuente fiable. La primera manada de elefantes aparece a los veinte minutos —treinta animales desplazándose con el paso decidido de un grupo que viaja hacia algo que sabe que está ahí. Los búfalos pastan en la llanura inundable formando una manada tan grande que tarda minutos en contarse. Dos leones machos duermen en un banco de arena bajo las acacias, tan inmóviles que a primera vista se confunden con troncos. Su guía apaga el motor a treinta metros. El sol se desplaza hacia la cresta occidental, la luz adopta el color de la arena del río, y su primer safari en vehículo se cierra mientras los impalas desaparecen en el bosque y los leones permanecen donde están.
Actividades
Tarangire






















































